¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del “campo? se preguntaba Eduardo Grüner en el Página/12 del 16 de abril. Señala los gravísimos errores que cometió este gobierno reformista-burgués -errores tácticos y estratégicos: “no profundizar en la medida necesaria las políticas (tributarias y otras) de redistribución del ingreso, utilizar buena parte de las (inauditas) reservas fiscales para seguir saldando la maldita deuda; renovar los contratos de ciertos medios de comunicación que, debería el Gobierno saberlo, más tarde o más temprano se le pondrán en contra (y aquí, como en muchos otros casos, se ve cómo una opción estratégica se transforma rápidamente en un error táctico), y que lo hicieron de la manera más desvergonzadamente interesada de las últimas décadas. Ninguna de estas opciones estratégicas son algo para reprocharle al Gobierno.” Pero, afirma, el gobierno no prometió socialismo. Considera que éste es un momento peligroso, porque por primera vez desde la recuperación democrática la derecha tiene tanta base social. Y entonces, ante ese peligro, decide optar por el mal menor. Aunque no cree que se trate de la confrontación entre dos modelos de país, decide evitar la gestación -el empollado?- del huevo de la serpiente, considerando que está en juego la legitimidad del estado. No es un análisis simplificador ni polarizado de la situación, es merecedor de atención.
José Pablo Feinman le contesta a Grüner el 20 de abril. Plantea que los pequeños productores son utilizados como tropa por la Sociedad Rural porque quieren ser como ellos, temen ser negros como sus peones. Plantea, a diferencia de Grüner, que la confrontación campo-gobierno sí se trata de dos modelos de país. Plantea que el reformismo burgués es más de lo que la Sociedad Rural puede tolerar, y entonces ante eso, al gobierno le queda ser reformista, no revolucionario como querría cualquier joven militante de PO que acabara de leer el Manifiesto Comunista.
El Mocase plantea el 25 de abril las consecuencias del desmonte que se produce en Santiago del Estero para producir soja, la concentración de la propiedad de la tierra, el uso de agroquímicos, y reafirma su modelo productor alternativo.
Atilio Borón le contesta en el mismo diario el día 29 de abril. Cuestiona el carácter reformista del gobierno, aunque le reconoce ciertos avances en derechos humanos y un importante acompañamiento a Chávez en su oposición al Alca. Compara a este gobierno con el primer peronismo, que sí era reformista. Y afirma la actual inexistencia del estado, que con sus políticas profundizó un modelo de exclusión. Rechaza el carácter reformista de este gobierno democrático burgués, en el que pesa más lo burgués que lo democrático. Disiente con Grüner cuando plantea: “si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el ‘mal menor’ no quedará más remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos muestre dónde queda, aquí y ahora, el ‘bien’ o su posible realización inmediata.” No haría mal el gobierno, según Borón, en ser un poco reformista, para salir de esta crisis. La lucha contra el mal mayor es posibilismo y resignación.
El 14 de mayo algunos intelectuales presentaron en la librería Gandhi una solicitada de apoyo al gobierno. Eran ellos: José Pablo Feinmann; Nicolás Casullo; la actriz Cristina Banegas; el periodista Horacio Verbitsky; el actor y diputado nacional, Esteban Morgado; David Viñas, Noé Jitrik, Ricardo Forster, Federico Schuster, Oscar Baradel, el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, y Eduardo Jozami, Eduardo “Tato” Pavlovsky… un total de 750. Pueden verse las firmas en el sitio del Movimiento Libres del sur.
Creámoslo, afirman en esa carta su autonomía con respecto al gobierno, como puede verse en Crítica Digital.
En Página/12 del 15 de mayo se cita a Eduardo Grüner como firmante de esa carta. Este sale a desmentir su firma, aunque no su presencia en la librería Gandhi. Afirma allí que decidió no firmarla porque “en el último párrafo de la carta se postula el espacio creado como una “experiencia que se instituye como espacio de intercambio de ideas, tareas y proyectos, que aspira a formas concretas de encuentro, de reflexión, organización y acción democrática con el Gobierno y con organizaciones populares para trabajar mancomunadamente, sin perder como espacio autonomía ni identidad propia”. Por un prurito quizá desmedido y, de nuevo, puramente personal (aunque, ya se sabe: es cada vez menos fácil separar lo personal de lo político), concluí que no estaba en condiciones de suscribir la idea de trabajar mancomunadamente con el Gobierno”, por no compartir sus opciones estratégicas.
González Barciela critica a Borón por esencialista (ningún accidente como el reformismo podría alterar la esencia burguesa del gobierno K) y por exigir al gobierno desde una absoluta exterioridad.
Atilio Borón se defiende de las críticas de Toer del 6 de mayo…
and so on